El agua estaba tibia. Él sentado en un
extremo y ella en el otro. Lo único que impedía el paso entre ellos era un
patito de hule que flotaba sobre la espuma.
- ¿Te vas a quedar
ahí? – preguntó él desde el otro extremo. Tenía una sonrisa preciosa en los
labios que hacía que ella se derritiera lentamente. Además… esa voz… Dios,
¿Cómo es que el simple sonido de su voz podía gustarle tanto?
- Depende. ¿Qué
quieres tú? – ella ladeó la cabeza, sin poder evitar sonreírle también. Varias
gotitas de agua cayeron cuando movió al cabeza.
- Tú sabes lo que
quiero, nena.
A ella le gusta tanto cuando le dice así…
- ¿Sí? – mordiéndose
el labio, ella avanzó suavemente, arrastrándose sobre la bañera, hasta que sus
piernas chocaron con las de él. Inmediatamente ella alzó la mirada,
encontrándose con los ojos marrones de su novio, que la miraban de una manera
diferente, más intensa… mucho más intensa… - Pero no podemos hacer nada
incorrecto… - ella volvió a morderse el labio, mostrando su lado inocente.
- ¿Por qué? – él alzó
los hombros, frunciendo el ceño.
- Porque el patito lo
notará. – ella cogió en sus manos el patito de hule y lo puso entre los dos, al
mismo tiempo que lo acercaba a los labio de él, y hacía que el patito de hule
le diera un beso.
- ¿Qué importa el
patito? Lo disfrutará.
Ella soltó una carcajada, haciendo la
cabeza para atrás, y antes de que pudiera incorporarse, sintió unos labios
húmedos sobre su cuello. Que en vez de darle frío… le produjeron un calor
bastante intenso… en todo el cuerpo.
- Deja ese patito a
un lado. – susurró él. El tono de su voz era grave, diferente. Joder… que sexy
era. Su mano buscó la de ella y logró quitarle el patito de hule de las manos. –
Y ven aquí. – le llamó, acercándola mucho más a él, haciendo que el cuerpo de
ella quedara entre sus piernas. Ella se acomodó sin problemas, colocando sus
manos sobre el pecho de su novio y sobándolas suavemente. Pero definitivamente
las sensaciones habían cambiado. Ahora pudiendo tener más cerca cada parte del
cuerpo de él… le hacía sentirse
bastante… caliente.
- Trae el patito de
vuelta…
- ¿Lo quieres más a
él que a mí?
- ¡No! – ella soltó
una risita.
- Pero, ¿me quieres?
- Sabes que sí.
- Pero dímelo. – él
mordió su labio inferior, mirándola divertido.
- Te… quiero. –
susurró ella. Toda su vida estuvo aterrada en confesar sus sentimientos. Pero
con él… con él solo fluía.
- ¿Sí…? – él se
acercó a ella un poco, logrando darle un beso pequeño en los labios.
- Ajá… - contestó
ella en susurros. – Te adoro… - volvió a decirle, esta vez acariciándole el
cuello y subiendo hasta llegar a su cabello. Sus dedos se enredaron en él, y lo
atrajo hacia ella.
- Y… me… ¿amas? – él
enarcó una ceja, con un tono juguetón que ella tanto adoraba. Le provocaba
comérselo a base de besos en ese momento. Y lo mejor es que no tenía por qué
aguantarse como en otras ocasiones, esta vez podía hacerlo. Sí que podía
hacerlo.
- Te amo. – mirándolo
a los ojos, lo acercó a ella y besó sus labios tan suave como pudo. Disfrutando
de cada segundo que permanecía probando su boca. La sensación era tan
acogedora. Tan sensual. Tan única. No le provocaba soltarlo nunca. Su boca era
tan suave y deliciosa.
- ¿Mucho? – preguntó
él, aún sin dejar de besarla. Ella sonrió.
- Muchísimo.
Muchísimo. Muchísimo.
- Así me gusta. – con
otra sonrisa encantadora, la apretó fuerte para él, y besó su boca con dureza,
comiéndose los labios de ella con desesperación. Y sin pensárselo mucho, colocó
ambas manos sobre su cintura y alzó suavemente su cuerpo