jueves, 27 de febrero de 2014

El agua estaba tibia. Él sentado en un extremo y ella en el otro. Lo único que impedía el paso entre ellos era un patito de hule que flotaba sobre la espuma.

-      ¿Te vas a quedar ahí? – preguntó él desde el otro extremo. Tenía una sonrisa preciosa en los labios que hacía que ella se derritiera lentamente. Además… esa voz… Dios, ¿Cómo es que el simple sonido de su voz podía gustarle tanto?

-      Depende. ¿Qué quieres tú? – ella ladeó la cabeza, sin poder evitar sonreírle también. Varias gotitas de agua cayeron cuando movió al cabeza.

-      Tú sabes lo que quiero, nena.

A ella le gusta tanto cuando le dice así…

-      ¿Sí? – mordiéndose el labio, ella avanzó suavemente, arrastrándose sobre la bañera, hasta que sus piernas chocaron con las de él. Inmediatamente ella alzó la mirada, encontrándose con los ojos marrones de su novio, que la miraban de una manera diferente, más intensa… mucho más intensa… - Pero no podemos hacer nada incorrecto… - ella volvió a morderse el labio, mostrando su lado inocente.

-      ¿Por qué? – él alzó los hombros, frunciendo el ceño.

-      Porque el patito lo notará. – ella cogió en sus manos el patito de hule y lo puso entre los dos, al mismo tiempo que lo acercaba a los labio de él, y hacía que el patito de hule le diera un beso.

-      ¿Qué importa el patito? Lo disfrutará.

Ella soltó una carcajada, haciendo la cabeza para atrás, y antes de que pudiera incorporarse, sintió unos labios húmedos sobre su cuello. Que en vez de darle frío… le produjeron un calor bastante intenso… en todo el cuerpo.

-      Deja ese patito a un lado. – susurró él. El tono de su voz era grave, diferente. Joder… que sexy era. Su mano buscó la de ella y logró quitarle el patito de hule de las manos. – Y ven aquí. – le llamó, acercándola mucho más a él, haciendo que el cuerpo de ella quedara entre sus piernas. Ella se acomodó sin problemas, colocando sus manos sobre el pecho de su novio y sobándolas suavemente. Pero definitivamente las sensaciones habían cambiado. Ahora pudiendo tener más cerca cada parte del cuerpo de él…  le hacía sentirse bastante… caliente.

-      Trae el patito de vuelta…

-      ¿Lo quieres más a él que a mí?

-      ¡No! – ella soltó una risita.

-      Pero, ¿me quieres?

-      Sabes que sí.

-      Pero dímelo. – él mordió su labio inferior, mirándola divertido.

-      Te… quiero. – susurró ella. Toda su vida estuvo aterrada en confesar sus sentimientos. Pero con él… con él solo fluía.

-      ¿Sí…? – él se acercó a ella un poco, logrando darle un beso pequeño en los labios.

-      Ajá… - contestó ella en susurros. – Te adoro… - volvió a decirle, esta vez acariciándole el cuello y subiendo hasta llegar a su cabello. Sus dedos se enredaron en él, y lo atrajo hacia ella.

-      Y… me… ¿amas? – él enarcó una ceja, con un tono juguetón que ella tanto adoraba. Le provocaba comérselo a base de besos en ese momento. Y lo mejor es que no tenía por qué aguantarse como en otras ocasiones, esta vez podía hacerlo. Sí que podía hacerlo.

-      Te amo. – mirándolo a los ojos, lo acercó a ella y besó sus labios tan suave como pudo. Disfrutando de cada segundo que permanecía probando su boca. La sensación era tan acogedora. Tan sensual. Tan única. No le provocaba soltarlo nunca. Su boca era tan suave y deliciosa.

-      ¿Mucho? – preguntó él, aún sin dejar de besarla. Ella sonrió.

-      Muchísimo. Muchísimo. Muchísimo.


-      Así me gusta. – con otra sonrisa encantadora, la apretó fuerte para él, y besó su boca con dureza, comiéndose los labios de ella con desesperación. Y sin pensárselo mucho, colocó ambas manos sobre su cintura y alzó suavemente su cuerpo 

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